Cómo afrontar uno de los momentos más difíciles para las familias
Para muchos niños, la vuelta al colegio significa reencontrarse con sus amigos, volver a las rutinas y comenzar un nuevo curso lleno de aprendizajes. Sin embargo, para muchas madres y padres, septiembre trae consigo otra realidad: el reto de conciliar la vida laboral y familiar.
Los horarios escolares rara vez coinciden con las jornadas de trabajo. Aparecen las prisas, los madrugones, las actividades extraescolares, las reuniones, los periodos de adaptación y la sensación de que el día no tiene suficientes horas.
Y, en medio de todo ello, muchas familias sienten una gran presión por llegar a todo.
La conciliación no depende solo de la organización
Con frecuencia pensamos que, si nos organizáramos mejor, todo sería más fácil. Compramos agendas, hacemos calendarios, planificamos menús o adelantamos tareas el fin de semana.
Todo esto puede ayudar, pero la conciliación no es únicamente una cuestión de planificación. Muchas veces el verdadero problema es que las exigencias laborales y familiares son difíciles de compatibilizar.
Por eso es importante dejar de pensar que, si no llegamos a todo, es porque estamos haciendo algo mal.
La adaptación también es para los adultos
Cuando hablamos de la vuelta al cole solemos pensar en cómo se sienten los niños, pero los adultos también necesitan un periodo de adaptación.
Volver a madrugar, reorganizar horarios, gestionar los nervios del primer día o enfrentarse a nuevas responsabilidades puede resultar agotador.
Permitirte unos días para volver a encontrar el ritmo es completamente normal.
Anticiparse ayuda a reducir el estrés
Aunque no podamos controlar todo, sí hay pequeñas acciones que pueden facilitar el inicio del curso.
Preparar la mochila y la ropa la noche anterior, planificar los desayunos de la semana, organizar un menú sencillo o revisar el calendario familiar evita muchas prisas de última hora.
No se trata de tenerlo todo perfectamente organizado, sino de reducir las decisiones que debemos tomar cuando el tiempo apremia.
Repartir las responsabilidades
En muchas familias, la organización del inicio del curso recae principalmente sobre una sola persona.
Hablar con antelación sobre quién llevará al colegio, quién recogerá a los niños, quién acudirá a las reuniones o quién preparará determinadas cosas puede evitar una gran carga mental.
La conciliación también consiste en compartir responsabilidades.
No pasa nada si necesitas ayuda
Abuelos, otros familiares, vecinos de confianza o incluso compartir algunos trayectos con otras familias del colegio pueden convertirse en una gran red de apoyo.
Pedir ayuda no significa que no seas capaz. Significa que criar nunca ha sido una tarea para una sola persona.
Cuidado con llenar todas las tardes
Con el comienzo del curso también llegan las actividades extraescolares. Es fácil querer apuntar a nuestros hijos a idiomas, deporte, música o diferentes talleres.
Pero conviene preguntarnos: ¿realmente lo necesita o estamos intentando resolver nuestra propia organización?
Los niños también necesitan tiempo para jugar, descansar, aburrirse y estar en familia.
Habrá días en los que no llegues a todo
Y está bien.
Habrá mañanas con prisas, bocadillos improvisados, mochilas olvidadas o calcetines desparejados. No significa que seas una mala madre o un mal padre.
La perfección no existe, y perseguirla solo aumenta el estrés.
Tus hijos no necesitan una organización perfecta. Necesitan adultos disponibles emocionalmente.
También es importante cuidaros
Durante las primeras semanas de septiembre es habitual centrarse únicamente en las necesidades de los niños.
Sin embargo, descansar, dormir lo suficiente, repartir tareas o reservar aunque sean unos minutos para uno mismo también forma parte de cuidar a la familia.
Cuando los adultos estamos más tranquilos, es mucho más fácil acompañar las emociones de nuestros hijos.
En Evolucriando creemos que…
Conciliar no debería ser una carrera diaria ni una fuente constante de culpa.
Sabemos que muchas veces hacéis auténticos malabares para llegar a todo. Que os levantáis antes que nadie, preparáis desayunos, corréis al trabajo, respondéis correos, recogéis mochilas, escucháis cómo ha ido el día y aún encontráis tiempo para leer un cuento antes de dormir.
Y aunque a veces sintáis que no hacéis suficiente, vuestros hijos no recordarán si un día llegasteis cinco minutos tarde al colegio o si la cena fue un poco más sencilla.
Recordarán que, incluso en medio del caos, siempre encontraron en casa un abrazo, una mirada de complicidad y la seguridad de sentirse queridos.
Porque conciliar no consiste en hacerlo todo perfecto. Consiste en encontrar, dentro de la realidad de cada familia, la manera de seguir caminando juntos con calma, flexibilidad y mucho cariño.



