Cómo actuar cuando tu hijo no quiere hacer los deberes
Para muchas familias, el momento de los deberes se convierte en uno de los más tensos del día. Después del colegio, cuando el cansancio ya pesa y las ganas son pocas, aparece el “no quiero” y con él la sensación de estar siempre empujando, recordando o discutiendo. Antes de buscar soluciones rápidas, conviene pararse a mirar qué hay detrás de esta resistencia tan habitual.
No querer hacer los deberes no suele ser un problema de falta de responsabilidad. En la mayoría de los casos tiene más que ver con el agotamiento, la dificultad para concentrarse o la sensación de no sentirse capaz. A lo largo del día, los niños hacen un gran esfuerzo por cumplir normas, atender y rendir, y cuando llegan a casa necesitan bajar el ritmo y sentirse seguros.
Crear un espacio y un tiempo adecuados
El contexto influye mucho. No todos los niños están preparados para sentarse a hacer deberes nada más llegar a casa. A veces necesitan comer tranquilos, jugar un rato o simplemente descansar. Establecer una rutina flexible, que tenga en cuenta sus necesidades reales, puede reducir mucho la resistencia.
También es importante contar con un espacio ordenado, tranquilo y sin distracciones excesivas. No para controlar, sino para facilitar la concentración.
Acompañar sin sustituir
Estar cerca no significa hacer los deberes por ellos. Acompañar implica mostrarse disponible, resolver dudas puntuales y ofrecer seguridad, pero dejando que el niño sea el protagonista de su trabajo. Cuando sienten que confiamos en sus capacidades, es más fácil que se impliquen.
Evitar frases constantes de corrección o presión ayuda a que el momento no se viva como un examen continuo. El error también forma parte del aprendizaje.
Escuchar las emociones
A veces el rechazo a los deberes es una forma de decir “me cuesta”, “no lo entiendo” o “me siento superado”. Escuchar sin minimizar, validar lo que sienten y poner palabras a su frustración puede aliviar mucha tensión. Cuando un niño se siente comprendido, baja la defensiva.
Revisar expectativas y cantidad
No todos los niños rinden igual ni necesitan el mismo tiempo. Comparar, exigir rapidez o resultados perfectos suele aumentar el rechazo. Si detectamos que los deberes son excesivos o generan un malestar constante, puede ser útil hablar con el centro educativo y buscar ajustes.
Evitar que los deberes definan la relación
Cuando cada tarde se convierte en una batalla, la relación se resiente. Es importante recordar que los deberes son solo una parte de la vida del niño, no lo que lo define ni lo que define nuestra forma de acompañarlo. Priorizar el vínculo, el respeto y el bienestar emocional siempre será una inversión a largo plazo.
En Evolucriando creemos que acompañar el aprendizaje no va de imponer, sino de sostener, escuchar y adaptar. Porque cuando los niños se sienten seguros y comprendidos, el aprendizaje fluye de otra manera.



