Influencia de tu infancia.

Cómo tu infancia influye en la forma en la que educas hoy (aunque no te des cuenta)

Hay algo que ocurre en la crianza que muchas veces pasa desapercibido, pero que está presente en muchísimos momentos del día: no solo educamos desde lo que sabemos, sino desde lo que vivimos.

Desde nuestra historia.
Desde lo que aprendimos siendo niños.
Desde cómo nos hablaron, cómo nos corrigieron, cómo nos acompañaron… o cómo no lo hicieron.

Y eso aparece, muchas veces, sin avisar.

En una respuesta automática.
En un “porque lo digo yo”.
En un tono que no querías usar.
En una reacción que, cuando pasa, te hace pensar: “esto no es lo que quería hacer”.

Porque hay una parte de la crianza que no se aprende en libros.
Se hereda.

Y no siempre de forma consciente.

Uno de los ejemplos más habituales es ese que seguramente has escuchado (o incluso pensado alguna vez):
“Pues a mí me pegaban y mira qué bien estoy”.

Y detrás de esa frase hay mucho más de lo que parece.

Hay una forma de entender la educación.
Hay una manera de justificar lo vivido.
Hay, muchas veces, una necesidad de darle sentido a lo que dolió.

Porque aceptar que algo nos hizo daño no siempre es fácil.
Y menos cuando viene de quienes nos cuidaban.

Entonces, en lugar de cuestionarlo, lo normalizamos.

Lo convertimos en válido.
En necesario.
En parte del “así se educa”.

Pero cuando llega la crianza, algo se mueve.

Porque empiezas a ver a tu hijo.
A su vulnerabilidad.
A su necesidad de ser acompañado.

Y entonces aparece el conflicto.

Una parte de ti quiere hacerlo diferente.
Quiere educar desde el respeto, desde la conexión, desde el vínculo.

Pero otra parte… reacciona sola.

Repite.
Salta.
Se impone.

Y ahí es donde muchas familias se sienten perdidas.

Porque no entienden por qué, si tienen claro cómo quieren educar, a veces hacen justo lo contrario.

La respuesta no está en que no lo estén intentando suficiente.
Está en que hay aprendizajes muy profundos que siguen activos.

Porque lo que vivimos de pequeños no solo lo recordamos.
Lo integramos.

Se convierte en nuestra referencia de lo que es “normal”.
De lo que es “educar”.
De lo que es “poner límites”.

Y cambiar eso no es inmediato.

No basta con decidir hacerlo diferente.
Hace falta revisarlo.

Cuestionarlo.
Mirarlo con honestidad.

Y también con mucha comprensión hacia uno mismo.

Porque no se trata de juzgar cómo nos educaron.
Ni de culpar.

Se trata de entender qué nos llevamos de ahí… y qué queremos hacer con eso hoy.

Quizá aprendiste que había que obedecer sin cuestionar.
Que expresar emociones no estaba bien visto.
Que el cariño era escaso o condicionado.
O que el respeto se imponía desde el miedo.

Y ahora, sin darte cuenta, eso puede aparecer en forma de exigencia, de impaciencia o de dificultad para sostener ciertas situaciones.

Pero también puede pasar lo contrario.

Que quieras hacerlo tan diferente que te cueste poner límites.
Que dudes constantemente.
Que temas repetir lo que viviste.

Porque al final, todo parte del mismo lugar.

Tu historia.

Y aquí hay algo importante que muchas veces alivia:

No estás condenado a repetirla.

Pero tampoco puedes ignorarla.

El cambio empieza cuando dejas de funcionar en automático y empiezas a darte cuenta.

Cuando te paras después de una reacción y piensas:
“Esto… ¿de dónde viene?”

Cuando entiendes que lo que te activa no siempre es lo que está pasando ahora, sino lo que conectó con algo de antes.

Y poco a poco, empiezas a elegir.

No siempre.
No perfecto.

Pero cada vez un poco más.

Porque criar también es un proceso personal.

No solo estás acompañando a tu hijo.
Te estás revisando a ti.

Estás sanando cosas.
Estás rompiendo patrones.
Estás construyendo una forma nueva de hacer las cosas.

Y eso no es fácil.

Pero es profundamente valioso.

Porque cada vez que eliges responder en lugar de reaccionar,
cada vez que paras antes de repetir algo que no te encaja,
cada vez que haces algo distinto a lo que viviste…

Estás cambiando la historia.

No solo la tuya.
También la de tu hijo.

Y eso es mucho más importante de lo que parece.

Porque educar no va solo de lo que hacemos hacia fuera.
Va también de lo que revisamos por dentro.

Seguimos evolucriando 


Scroll al inicio
Política de Privacidad
Información básica sobre Protección de Datos
Responsable EVOLUCRIANDO SL.
Finalidad (i) Para contactar con el usuario en caso de que nos lo solicite, (ii) Para que pueda actuar como usuario registrado en nuestra web, (iii) Para realizar procesos de compra de suscripciones en nuestra página web (iv) Mantenimiento de la relación contractual (v) Enviar comunicaciones comerciales sobre productos y/o servicios idénticos o similares a los que hayan sido contratados, (vi) Inclusión en nuestras agendas de contacto
Derechos Puedes ejercer tus derechos de acceso, rectificación, supresión, limitación de tu tratamiento, oposición y portabilidad de tus datos mediante correo postal o electrónico según indican nuestra “Política de Privacidad”.

Para más información sobre nuestra Política de Privacidad, no dudes en leernos aquí.