En fechas señaladas —cumpleaños, Navidad, visitas familiares— es habitual que los niños reciban una montaña de regalos. Muchas familias lo viven con ilusión… hasta que aparece la realidad: los peques no saben qué elegir, se frustran, se sobreestimulan, abandonan los juguetes a los pocos minutos o piden más y más, sin llegar a disfrutar lo que ya tienen.
Si alguna vez te has encontrado recogiendo envoltorios mientras tu hijo pasa de un juguete al siguiente sin apenas mirarlo, aquí va una buena noticia: no es culpa tuya, ni de tu hijo. Es consecuencia natural del exceso.
En Evolucriando nno solo miramos el comportamiento del niño, sino el entorno, el ritmo y las necesidades reales detrás de lo que vemos. Y cuando los regalos se multiplican, su mundo interno también se desborda.
¿Qué pasa en realidad cuando hay demasiados regalos?
1. Se sobreestimulan
Cada regalo es un estímulo nuevo, un objeto que descifrar, una regla que aprender, una emoción que gestionar.
Cuando hay muchos, el sistema nervioso se satura y aparece:
- Agitación
- Impulsividad
- Cambios bruscos de humor
- Dificultad para concentrarse
No es mal comportamiento: es sobrecarga.
2. Pierden la capacidad de valorar
Cuando todo es abundante y accesible al mismo tiempo, los niños no pueden profundizar ni vincularse con un objeto.
La experiencia pasa de ser significativa a ser superficial.
3. Se genera frustración, no gratitud
Paradójicamente, cuantos más regalos reciben, más difícil es sostener la emoción:
- No saben a qué jugar
- No les da tiempo a disfrutar
- Quieren abrir otro para recuperar la euforia inicial
Y desde fuera parece que “no agradecen”, cuando en realidad están desbordados.
4. Se diluye el mensaje del adulto
Si queremos transmitir valores como la gratitud, el cuidado, el respeto o la importancia de lo sencillo, el exceso va en dirección contraria.
Entonces… ¿cuántos regalos son “suficientes”?
No hay un número perfecto, porque cada familia y cada niño es un mundo.
Pero sí hay una guía muy útil: que puedan disfrutar, entender y sostener lo que reciben sin perder su regulación emocional.
Algunas familias optan por:
- 1 regalo principal + 1 práctico + 1 simbólico
- El método “4 regalos” (algo que quiere, necesita, para leer y para llevar)
- O simplemente menos regalos, más experiencias
Lo importante es que los regalos no tapen la presencia, la conexión y el ritmo interno del niño.
Cómo acompañar a las familias cuando llega la avalancha (sí, hablamos de abuelos, tíos, amigos…)
Educar a las familias alrededor también es parte del proceso. Aquí algunas frases que ayudan:
- “Queremos que tenga menos cosas, pero más significativas.”
- “Nos encanta que quieras regalarle algo. ¿Te apetece mejor una experiencia?”
- “Con un solo regalo ya es suficiente para él/ella.”
- “¿Te comparto una pequeña lista con ideas adecuadas a su etapa?”
- “Estamos intentando evitar la sobreestimulación, por eso preferimos poquitos regalos.”
No es controlar; es cuidar el bienestar del niño.
Alternativas de regalos que sí suman
- Experiencias (parque, museo, merienda especial)
- Materiales abiertos: piezas sueltas, bloques, elementos no estructurados
- Libros
- Material sensorial
- Tiempo de juego compartido
- Regalos simbólicos o hechos a mano
- Contribuciones a una actividad que el niño disfrute (música, psicomotricidad, natación…)
- Regalos que alimentan su desarrollo, no solo su estantería.
El mensaje final
El problema no son los regalos.
El problema es cuando el exceso desplaza el disfrute.
Un regalo pensado, cuidado y conectado con la realidad del niño puede acompañar su desarrollo de manera preciosa. Diez regalos a la vez pueden desconectarlo de sí mismo.
En Evolucriando defendemos una crianza en la que los niños no crecen entre “más y más”, sino entre “mejor y más sentido”.
Y ahí, menos siempre es más.



