Menos es, muchas veces, más
Con la vuelta al colegio llega también el momento de decidir qué actividades extraescolares harán nuestros hijos. Inglés, fútbol, música, baile, robótica, natación, teatro… la oferta es cada vez más amplia y, con ella, también las dudas de muchas familias.
Queremos que nuestros hijos aprendan, descubran nuevas aficiones y disfruten. Sin embargo, a veces, sin darnos cuenta, llenamos sus tardes de actividades pensando que así les estamos ofreciendo más oportunidades.
Pero ¿realmente necesitan tantas?
¿Para qué queremos apuntarles a una actividad?
Antes de elegir una extraescolar merece la pena hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Por qué quiero que mi hijo haga esta actividad?
Las respuestas pueden ser muy diferentes. Quizá porque le encanta el deporte, porque disfruta dibujando, porque necesita moverse más o porque quiere aprender a tocar un instrumento.
Pero otras veces la decisión responde a nuestras propias preocupaciones: miedo a que «pierda el tiempo», a que vaya por detrás de otros niños o simplemente porque creemos que «todos hacen alguna actividad».
Pararnos a reflexionar sobre el motivo nos ayudará a tomar una decisión más consciente.
Los niños también necesitan tiempo libre
Vivimos en una sociedad en la que parece que cuanto más ocupada esté la agenda de un niño, mejor.
Sin embargo, el juego libre, el descanso y el aburrimiento también son fundamentales para su desarrollo.
Después de pasar muchas horas en el colegio, los niños necesitan correr, inventar, leer un cuento, jugar sin normas o simplemente no hacer nada durante un rato.
No todas las tardes tienen que estar organizadas.
Tener en cuenta su edad
No es lo mismo elegir una actividad para un niño de tres años que para uno de diez.
Los más pequeños necesitan propuestas muy lúdicas, donde el objetivo principal sea disfrutar, experimentar y relacionarse con otros niños.
No es el momento de exigir rendimiento ni resultados.
A medida que crecen, podrán ir descubriendo nuevas aficiones y comprometerse con actividades que realmente les motiven.
Escuchar sus intereses
Siempre que sea posible, es importante contar con la opinión del niño.
Preguntarle qué le apetece hacer, qué le llama la atención o qué le gustaría probar favorece su autonomía y aumenta su motivación.
No pasa nada si después descubre que una actividad no era lo que esperaba. También aprenderá que probar forma parte del proceso.
No hace falta destacar en todo
A veces sentimos que, si nuestro hijo empieza una actividad, debe convertirse en un experto.
Pero las actividades extraescolares no tienen por qué estar orientadas al rendimiento.
Un niño puede disfrutar de la música sin convertirse en músico profesional o practicar baloncesto simplemente porque le hace feliz jugar con sus amigos.
El objetivo debería ser que disfruten del proceso, no de los resultados.
Cuidado con el exceso de actividades
Una agenda demasiado llena puede generar justo el efecto contrario al que buscamos.
Niños cansados, con menos tiempo para jugar, con dificultades para descansar o incluso con rechazo hacia actividades que antes les gustaban.
Cada familia tendrá un ritmo diferente, pero conviene preguntarse si todavía queda tiempo para estar en casa, jugar, hablar o simplemente descansar.
También es importante observar
A veces elegimos una actividad pensando que será perfecta y, sin embargo, al cabo de unas semanas nuestro hijo deja de disfrutarla.
Puede ser un buen momento para preguntarnos qué está ocurriendo.
¿Está demasiado cansado? ¿No se siente cómodo con el grupo? ¿La actividad no responde a sus intereses?
Escuchar lo que nos muestran con su comportamiento es tan importante como escuchar lo que nos dicen con palabras.
La mejor extraescolar no siempre es la más «útil»
En ocasiones buscamos actividades que aporten ventajas académicas o que puedan ser beneficiosas para el futuro.
Pero no olvidemos que la infancia también es el momento de descubrir, experimentar y disfrutar.
Una actividad que haga sonreír a un niño, que le ayude a hacer amigos o que le permita expresarse puede ser mucho más valiosa que otra elegida únicamente por su utilidad.
En Evolucriando creemos que…
No existe una actividad perfecta para todos los niños.
Existe la actividad que encaja con ese niño, en ese momento de su vida y con las necesidades de su familia.
Y, en ocasiones, la mejor decisión puede ser no apuntarle a nada y regalarle tiempo para jugar, aburrirse, estar con vosotros o simplemente descansar.
Porque el desarrollo infantil no depende de cuántas actividades haga un niño, sino de que pueda crecer sintiéndose querido, respetado y acompañado.
A veces pensamos que ofrecer más actividades significa ofrecer más oportunidades. Pero la verdadera oportunidad está en permitir que cada niño descubra quién es, qué le apasiona y qué necesita, sin prisas y sin comparaciones.
Porque una infancia feliz no se mide por el número de extraescolares, sino por el equilibrio entre aprender, jugar, descansar y disfrutar del tiempo en familia. Ese equilibrio será, probablemente, uno de los mejores regalos que podamos ofrecerles.



